sábado, 14 de julio de 2012

Sin complicaciones.

Justo te leo y me acabo de maquillar. Sí, a estas horas y estando sola en casa. ¿Por qué? Por qué no. Siempre el mismo maquillaje, eyeliner y ya. Quizás luego em eche un poco de rimmel.

Y después de esto, quiero que sepas que cada vez que quiero escribir (sí, la segunda vez y ya es siempre) tardo 15 minutos en encontrar cómo editar una entrada. No me gustan las cosas no intuitivas, y la tecnología está empezando a no serlo. Con lo fácil que es un botón para arbir una puerta en el que pone pulsar para abrir. ¡Qué ganas de complicarnos! Con todo. Como con mandarme al Escorial. Al final fue un viaje tranquilo del cuál me volví antes y menos mal, mi cama me echaba de menos. Ella sí que no se complica. Siempre está ahí, para que me tumbe y duerma y le da igual si es en la hora de la siesta, las 8 de la mañana o las 8 de la tarde. Ahora por ejemplo está acogiendo a Susie a la cuál le he hecho un cambio de look, te gustará. Mira, te pongo una foto para que la veas (pe-pe-peluquitas). Le queda muy bien, mejor que a mí, la verdad. Y a eso he dedicado mi tarde, a dormir y a ponerle la peluca, sin complicaciones. Debería comprarme una para salir a la calle y ya sabes hermana, dónde iría a comprarla, así que si me decido y consigo el dinero ya sabes que tienes una cita conmigo. Y luego KFC. Otros que no se complican. Sólo pollo. Rico. Graso. Genial. Sí me gustan las cosas sencillas. Bueno, salvo Nietzsche y sus aforismos. Me caen bien. Debió ser un tío grande, al menos, su bigote lo era.

Me estoy agobiando porque ahora viene gente a casa y eso es una complicación porque cada uno esperará una cosa. En fin querida, ya te contaré cómo acaba esto, pero prometo que será sencillo y sin dar rodeos. Y el concierto de mañana... Se verá mañana.

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