martes, 16 de octubre de 2012

Añicos

Me han dicho que estoy un poco emo y puede ser, pero de verdad hermana, pienso que hoy me lo merezco, y voy más allá, hoy nos lo merecemos.

Estoy viendo como nuestra vida tal y como la queríamos ha acabado sin ni siquiera haber empezado. ¿Nos queda consuelo alguno? Bueno... al menos tú serás rica, yo sigo endeudándome. No entiendo la lógica paterna: "Tienes que hacer algo con tu vida y buscarte un trabajo para costearte la vida, así que métete a un máster que te absorbe y desembolsa 1500€ y así empezarás a ser una persona de provecho". No, sigo sin entenderlo. Y además, me ponen problemas con la matrícula y todo, ¿lo entendemos? Otra respuesta negativa.

Reclamos nuestro derecho de quejarnos y llorar cuando todo a nuestro alrededor se rompe y estalla. Y a quién no le guste... patada en las partes que aquí no puedo nombrar.

¿Sabes dónde quiero estar ahora? En el McDonald's molón de Alcorcón, en ese que tampoco nos contratarían. Quiero tomar helado, estar sentada, estar contigo. Porque por mucho helado o batido que hubiera sino estuvieras ahí no tendría sentido. Porque juntas a pesar de la desesperación sabemos reírnos de nuestra desgracia y de nuestros arranques emo. Cuando estamos juntas my darling, me he dado cuenta de que somos un poquito más valientes, de que todo nos asusta menos, aunque digamos que es lo que más nos acojona.

Porque juntas, un  cristal roto puede ser un multiespejo en el que retocarnos el rimmel.

domingo, 7 de octubre de 2012

Domingo de reflexión

Sí, lo sé, esta vez he pasado mucho tiempo sin escribir, pero es que no tenía que decir nada importante (entendiendo "importante" como "importante para nosotras y absurdo para todos los demás). Y no, hoy tampoco tengo nada que decir, pero es uno de esos domingos en los que me propongo hacer cosas que voy dejando y dejando...

Y al final acaba siendo un domingo de esos que realmente me gustan a mí, esos que son como una especie de desayuno largo que se continúa durante todo el día... Y acabaré con mi madre acurrucada en el sofá pidiéndola que me siga tratando siempre como si fuera pequeña y que me cuente otra vez cuánto lloró cuando se murió James Dean.

Yo adoro a la gente muerta, aunque suene esquizofrénico y necrofílico. Los muertos son tan conclusos, tan quietos, con ese saber estar. Los vivos son torpes. Si tienes un ídolo vivo cualquier mañana puedes abrir el facebook y encontrarte con que ha hecho/dicho cualquier lamentable torpeza, o peor aún, tiene una novia que no eres tú. Entonces tienes que buscar su página, darle a "Ya no me gusta", buscar su twitter, darle a "Dejar de seguir" y soportar que cualquier persona te ponga la cara colorada hablando de la maldita torpeza... un lío, sinceramente.

Con los muertos ya está todo dicho y hecho. Te informas, te gusta y le conviertes en ídolo. Por no hablar de la cantidad de entradas que, sin ser consciente, te estás ahorrando con todos tus ídolos muertos.... y de la tranquilidad que da el no tener que estar pendiente de nuevos lanzamientos (salvo benditas excepciones). Y, sobre todo, te dan la capacidad de autoconvencerte de que si hubieses coincidido con ellos tú habrías sido su inseparable alma gemela.

Si Jesucristo estuviera vivo a mí no me gustaría, porque me crearía una tensión y una ansiedad horrible... y tener que seguirle por esos sitios llenos de arena que se te mete en las sandalias... puff, me está dando pereza sólo pensarlo, quita quita.